Para cenar, la verdad es que no teníamos muchas ganas, además la tarde no había acompañado llovió bastante tiempo, bueno el caso es que a eso de las 21,00 horas nos bajamos por si nos apetecía algún sitio.

Con el ritmo de la música cada vez llegó más gente y al final podría haber más de cien persona entre los que estábamos en las mesas y la gente que estaba en la calle. En resumen una noche que tenia pinta de aburrida se convirtió en una noche divertida, nos comentaros los camareros que suelen organizar este tinglado todos los fines de semana de verano.
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